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    Representantes del mundo de las letras y de la política despidieron este fin de semana al escritor chileno Jorge Edwards, fallecido el viernes, en Madrid, a los 91 años. Junto a familiares, asistieron el escritor chileno Carlos Franz, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y el excanciller peruano José Antonio Belaúnde, entre otros.

    Por la capilla ardiente pasaron el sábado el ministro de Cultura español, Miquel Iceta; la escritora y consejera de Cultura del Gobierno regional de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, y otros literatos, como el poeta Juan Malpartida, amigo personal de Edwards, que lo definió como “un narrador que ha sabido observar el mundo con una suerte de escepticismo entusiasta” y que “ha querido no contaminar con pasiones ideológicas la realidad, sino deducir de los hechos su propia imaginación”.

    Iceta describió al fallecido escritor, Premio Cervantes en 1999, como uno de los “grandísimos”, un “hombre que a veces fue a contracorriente, y ser el primero a veces tiene un coste muy alto”.

    Edwards, con nacionalidad española desde 2010, fue, en palabras de Iceta, “una persona muy vital” que “disfrutaba de la vida, curioso (...) y muy hasta el final fue amigo de sus amigos, le gustaba tener la casa llena y estar muy en contacto con la gente joven. Decidió morir en España, y por eso merece la pena que conozcamos ese deseo y que le correspondamos”, dijo.

    Iceta trasladó el pésame del Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a la hija del escritor.

    El embajador de Chile en España, Javier Velasco, recordó la faceta diplomática de Edwards: “Es inmenso, es una gran figura en muchos ámbitos, un diplomático de una gran trayectoria que sirvió al presidente Salvador Allende tanto en Cuba como en Francia. Fue siempre un gran defensor de los derechos humanos desde todos los puntos en los que tuvo la oportunidad de servir”, señaló.

    Palabras de Carlos Franz en el responso

    El escritor chileno Carlos Franz, asistente al rito funerario realizado ayer en Madrid para despedir los restos de Edwards, entregó sus palabras. “Hubo un breve responso. El sacerdote recordó el pasaje del evangelio en el que María, hermana de Lázaro, le reprocha algo así: ‘Señor, si hubieras estado acá, mi hermano no habría muerto'. Al final, su hija Ximena me pidió, sorpresivamente, que hablara yo, ya que nadie más lo hacía. Dije que en vez de improvisar un discurso prefería recordar alguna anécdota, porque eso es lo que el propio Jorge hubiera preferido. Recordé cuando conocí a Jorge hace casi 40 años. Fue bordo de un barco anclado en Valparaíso, el año 78 o 79... Entonces le pregunté por qué acababa de regresarse a Chile desde Barcelona, que a mí me parecía el paraíso (del boom literario, etc.). Me contestó algo así: ‘No todo es tan perfecto allá'. Como buen escéptico, Jorge creía que los únicos lugares perfectos son los que están lejos. Para terminar, yo comenté que quizás, donde quiera que esté Jorge ahora, estará diciendo lo mismo: ‘No todo es tan perfecto acá, igual que no lo era allá'. (Supongo que al cura no debe haberle gustado mucho mi comentario)”, cierra Franz.

    Uno de los novelistas chilenos favoritos y admirados de Edwards fue Alberto Blest Gana, diplomático como él que escribió la mayor parte de su obra literaria en Francia. El autor de “El loco Estero” y de “Los trasplantados”, murió en París en 1920 y sus restos descansan en el cementerio Père-Lachaise. Los restos de Edwards, muerto en Madrid, descansarán en la comuna de Santiago, donde tuvo su domicilio toda su vida, en el mausoleo familiar del Cementerio Católico, junto a sus padres y abuelos.

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    ¿Finde o fin de?

    Es común, en el uso coloquial, el empleo del acortamiento finde con el sentido de fin de semana. Se recomienda escribirlo en una sola palabra, tal y como ocurre con porfa (de por favor). Con el mismo significado de finde, en Chile se emplea coloquialmente wikén, del inglés weekend.

    ¿El arquero recepcionó (o recibió) el balón?

    El Diccionario de americanismos registra la voz recepcionar como propia de varias regiones del continente. Su significado es bastante preciso: “en una compañía, dar entrada a algo, verificando que la cantidad, calidad y demás características se correspondan con lo que se pidió originalmente”; también “recibir un aparato de radio o televisión las ondas de transmisión”. En el ejemplo, el arquero simplemente toma lo que le dan o envían. Dígase, pues, “el arquero recibió el balón”.

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    Club Subterráneo:

    Anuncian concierto de la saxofonista inglesa Nubya Garcia

    Considerada uno de los nombres clave de la generación británica del jazz actual, la saxofonista Nubya Garcia debutará en Chile con un concierto el próximo 16 de mayo en el Club Subterráneo, con su quinteto y el repertorio del aplaudido disco “Source”, que la llevó al Festival de Glastonbury. En su música, Garcia empalma el jazz moderno de Coltrane con variantes del soul, hip-hop, reggae, electrónica y música africana.

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    “Tarzán de los monos era una serial de la revista, con historias de la selva que para mí eran un mundo desconocido total y absoluto”, dice Filomena Fuentes (84). “El Peneca inyectó esta fantasía de leer”, complementa Juan Polizzi (73). “Los piratas, los vaqueros, el ‘Mío Cid', cuando andaban a caballo, cuando andaban en las peleas”, describe Silvia Parra (74). “Yo vivía en Puerto Aysén y la revista llegaba tarde, mal y nunca. Íbamos a buscarla a los barcos”, recuerda Luis Roa (75).

    Si existe una reacción común entre quienes entregaron su testimonio como antiguos lectores de El Peneca, es que cuando hoy recibieron un ejemplar de la revista, todos, absolutamente todos, volvieron a tener 10 años.

    “‘Yo leí este número', decían. O ‘me acuerdo perfecto de esta portada'. Esas experiencias lectoras generaron lo que nosotras llamamos ‘comunidades lectoras': en sus infancias sus lecturas fueron personales, pero los recuerdos son colectivos”, señala Paulina Daza, coautora de una investigación que desde 2019 se ha enfocado en la historia y los contenidos de El Peneca, pero sobre todo en el impacto que tuvo en esas personas. Los testimonios de lectores de época, gente de más de 60 años, son centrales.

    El equipo de investigación formado por Daza y las también doctoras en Literatura Hispanoamericana Clara Parra y Marcia Martínez desemboca ahora en el libro “Infancias y lecturas. El Peneca en Chile e Hispanoamérica” (Editorial Provincianos, $20.000), que se lanza esta semana en Santiago y Concepción. Allí ponen atención especial al fenómeno de creación de una audiencia sostenida a lo largo de los 52 años en que se publicó: dos mil setecientos cinco números entre 1908 y 1960.

    La investigación incluso amplía la llegada de El Peneca a otros países de la región. “Llegó a distribuirse fuera de Chile. Contamos con testimonios de gente que la leyó en Ecuador y Argentina, pero además publicaba la correspondencia de lectores con la directora Elvira Santa Cruz Ossa, quien usaba el seudónimo de Roxane. Eran cartas desde Guatemala, Costa Rica o Uruguay”, dice Daza.

    “El Peneca contribuyó a la construcción de un imaginario literario de varias generaciones, sobre todo en el período en que el ilustrador era Coré. Los principales poetas y escritores de la generación del 50, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Delia Domínguez, Alfonso Calderón, la leyeron. Me los imagino a sus siete años con El Peneca en las manos, empezando a leer, observando los dibujos, enfrentándose a las aventuras”, dimensiona Jorge Montealegre, investigador del cómic en Chile.

    Biblioteca familiar

    El libro “Infancias y lecturas…”, que además se entregará a bibliotecas públicas del país, es resultado de una primera observación de la revista. El archivo en línea ElPenecaComunidadesLectoras.cl reúne los testimonios de lectores en formato de cápsulas de video o de material escrito, además de un acápite especial al propio Coré como gestor de la imaginería, y una serie de portadas, sobre todo las de aniversarios, números muy recordados que cuentan con sus ilustraciones a todo color.

    “Consideramos la revista como una biblioteca familiar en tiempos en que el acceso a los clásicos no era tan fácil. Allí se publicaban por entregas ‘Cantar del Mío Cid', ‘El conde de Montecristo', ‘Ben-Hur', ‘El príncipe y el mendigo' o ‘La isla del tesoro'. Roxane fue directora entre 1921 y 1951 y le dio una mirada integradora entre lo tradicional y lo cosmopolita. Abrió una ventana al mundo en esos tiempos y les dio a los lectores infantiles la posibilidad de elegir sus lecturas”, señala Marcia Martínez.

    “En la época, había lecturas obligatorias en los colegios, pero aparece El Peneca con muchos segmentos y contenidos: los niños escogen qué leer. Entera, saltada, por partes, pero siempre por el placer de la lectura, porque sabían que ningún profesor los iba a evaluar después”, cierra Clara Parra.

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