Por la capilla ardiente pasaron el sábado el ministro de Cultura español, Miquel Iceta; la escritora y consejera de Cultura del Gobierno regional de Madrid, Marta Rivera de la Cruz, y otros literatos, como el poeta Juan Malpartida, amigo personal de Edwards, que lo definió como “un narrador que ha sabido observar el mundo con una suerte de escepticismo entusiasta” y que “ha querido no contaminar con pasiones ideológicas la realidad, sino deducir de los hechos su propia imaginación”.
Iceta describió al fallecido escritor, Premio Cervantes en 1999, como uno de los “grandísimos”, un “hombre que a veces fue a contracorriente, y ser el primero a veces tiene un coste muy alto”.
Edwards, con nacionalidad española desde 2010, fue, en palabras de Iceta, “una persona muy vital” que “disfrutaba de la vida, curioso (...) y muy hasta el final fue amigo de sus amigos, le gustaba tener la casa llena y estar muy en contacto con la gente joven. Decidió morir en España, y por eso merece la pena que conozcamos ese deseo y que le correspondamos”, dijo.
Iceta trasladó el pésame del Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, a la hija del escritor.
El embajador de Chile en España, Javier Velasco, recordó la faceta diplomática de Edwards: “Es inmenso, es una gran figura en muchos ámbitos, un diplomático de una gran trayectoria que sirvió al presidente Salvador Allende tanto en Cuba como en Francia. Fue siempre un gran defensor de los derechos humanos desde todos los puntos en los que tuvo la oportunidad de servir”, señaló.
Palabras de
El escritor chileno Carlos Franz, asistente al rito funerario realizado ayer en Madrid para despedir los restos de Edwards, entregó sus palabras. “Hubo un breve responso. El sacerdote recordó el pasaje del evangelio en el que María, hermana de Lázaro, le reprocha algo así: ‘Señor, si hubieras estado acá, mi hermano no habría muerto'. Al final, su hija Ximena me pidió, sorpresivamente, que hablara yo, ya que nadie más lo hacía. Dije que en vez de improvisar un discurso prefería recordar alguna anécdota, porque eso es lo que el propio Jorge hubiera preferido. Recordé cuando conocí a Jorge hace casi 40 años. Fue bordo de un barco anclado en Valparaíso, el año 78 o 79... Entonces le pregunté por qué acababa de regresarse a Chile desde Barcelona, que a mí me parecía el paraíso (del
Uno de los novelistas chilenos favoritos y admirados de Edwards fue Alberto Blest Gana, diplomático como él que escribió la mayor parte de su obra literaria en Francia. El autor de “El loco Estero” y de “Los trasplantados”, murió en París en 1920 y sus restos descansan en el cementerio Père-Lachaise. Los restos de Edwards, muerto en Madrid, descansarán en la comuna de Santiago, donde tuvo su domicilio toda su vida, en el mausoleo familiar del Cementerio Católico, junto a sus padres y abuelos.