Directora de EL PERIÓDICO
Por qué Collboni llega reforzado a la recta final del mandato
El president de la Generalitat, Salvador Illa, y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en en los jardines del Grec antes de la inauguración del Festival Grec. / Jordi Otix
Barcelona respalda a Jaume Collboni. El último barómetro concede al alcalde un aval político claro: gana en intención directa, es el preferido para el cargo y mantiene un apoyo razonable para gobernar. Ese apoyo no llega por azar. Durante este mandato, el ejecutivo municipal ha sabido situar en el centro del debate iniciativas que hoy cuentan con un amplio apoyo social, desde la ofensiva contra los pisos turísticos hasta la regulación de determinadas actividades, como los alquileres comerciales y los supermercados 24 horas, pasando por la limitación del número de grandes cruceros.
A ello se suma una segunda ventaja, que el alcalde ya no gobierna a la contra, sino con una parte significativa de la ciudad que comparte sus prioridades. Sus medidas se leen más como una traducción del sentido común urbano que como un programa de partido. En una plaza tan exigente como Barcelona, el barómetro demuestra que el socialista tiene agenda, discurso y crédito, sin que el repunte de Esquerra y la buena valoración de Elisenda Alamany alteren su ventaja.
Con todo, la muestra también deja un aviso claro: Barcelona sigue pensando, mayoritariamente, que ha empeorado en el último año. Aunque Collboni ha logrado alinear su agenda con parte del sentir ciudadano, los problemas que más pesan en el día a día --la vivienda, la inseguridad y, cada vez más, la inmigración-, siguen presentes y alimentan una sensación de desgaste preocupante.
Este es el principal riesgo para el alcalde, que una gestión que hoy tiene crédito acabe siendo percibida como insuficiente para una población que pide mejoras tangibles. La oposición lo sabe y lo explota y una parte del electorado indeciso puede comprar ese relato.
La vivienda exige más velocidad; la seguridad, más presencia; y la inmigración, una respuesta seria antes de que el debate acabe en manos de quien solo busca endurecerlo. Collboni tiene ahí una oportunidad real antes de las elecciones.
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