Grison, el “sex symbol’ improbable” debuta como presentador
“Fue profesor de música de niños y tuvo episodios de estrés muy fuertes. Quizá eso le hizo relativizar lo que ha venido después”, cuenta quien conoce al colaborador de ‘La revuelta’
Antes de que el perfil de Wikipedia de Marcos Martínez revele que nació en la localidad madrileña de Soto del Real en 1984, advierte de otras dos cosas. De que se le conoce popularmente como Grison y que si acaso lo que se busca es “el animal comúnmente conocido como grisón, véase galic...
tis vittata”. Este último podría ser uno de esos detalles con los que al músico madrileño le gusta salpimentar durante sus intervenciones en el programa La revuelta, emitido por TVE, donde dice que se limita hacer chascarrillos que le sirven de ensayo para sus shows en solitario. Y es también RTVE quien le ha encargado para este verano estrenarse como presentador en El escondite, un formato de entretenimiento familiar que se ha grabado en Países Bajos.
De Martínez dicen que es cantante, colaborador y productor televisivo y beatboxer; es decir, que tiene unas cuerdas vocales prodigiosas capaces de emular un millón de sonidos que le llevaron a ser campeón del mundo de esta especialidad. Cuentan también que ha sido maestro de ceremonias de Mayumaná, una etapa en la que viajó por medio planeta, que trabajó como comercial, que también ejerció como profesor de música para niños y que fue churrero. Esto último también lo ha contado él, cuando le narró a Mara Torres en el programa El faro, de la Cadena Ser, que criarse en una familia de churreros le hizo tener muy presente el olor a aceite y lo sacrificado del oficio, con horarios incompatibles con casi todo el resto del mundo.
De él cuenta lo justo. Que tiene mujer e hijos, que le gusta la guasa, que parece tomarse la vida y a sí mismo poco en serio y que, tras una etapa empeñado en vivir de la música, ahora, desde que camina junto a David Broncano y el resto del equipo, viven, él y su cuenta corriente, mucho más tranquilos. Grison es espontáneo y locuaz, y mucho más que ese chico que aparece a diario en el teatro, detrás de una mesa de sonido, e interrumpe para hacer chistes y aportar curiosidades que siempre dice haber leído en el periódico OkDiario.
Empeñado en proyectar la imagen de chico normal, la popularidad le ha llevado a lugares poco comunes. Jordi Martínez, director de la revista Men’s Health, recuerda cuando le ofrecieron hacer el reto para aparecer en portada. Tras entrenar durante dos meses y medio y someterse a una dieta estricta, afirma que durante la entrevista no encontró “ninguna diferencia entre Marcos Martínez y Grison. Es mucho más sensato de lo que parece y mucho más práctico”. Lo recuerda juguetón, de esos que le quitan hierro a casi cualquier asunto, un tipo que va a su bola y que “tiene pinta de dormir bien todas las noches”.
“Fue profesor de música de niños pequeños y tuvo episodios de estrés muy fuertes. Quizá eso le hizo relativizar todo lo que ha venido después y las cosas a las que le quiere dar importancia. Tiene una sinceridad desarmante, y te recuerda que está donde está por dinero”, añade. Lo define como “un sex symbol improbable. Por lo menos juega a no creérselo”, señala. Por eso antes de que la revista saliera publicada, tuvo sus dudas sobre el resultado. Martínez dice que lo tranquilizó. “Pase lo que pase, siempre se opinará menos que de los cuerpos de las mujeres”, comenta.
“Hice ese cambio porque me pagaban un nutricionista y un entrenador personal. Yo pregunté: ¿pero esto es gratis? Pues palante”, le contó al periodista Javi de Hoyos tras un evidente cambio físico que le recuerdan casi a diario sus compañeros de La revuelta.
Al Marcos niño lo recuerda un vecino de Soto del Real que nació también en 1984 y que años después fue alcalde de la localidad. “De niños sabíamos que existíamos”, dice el socialista Juan Lobato, que recuerda que en 2015 invitó a Martínez al pregón de las fiestas, pero no pudo acudir porque tenía un bolo en Cádiz. Ahora, comparten muchas cosas. “Nos cruzamos por la calle, sale a correr, hace deporte, lleva una vida completamente normal de pueblo. Ha decidido vivir en Soto, que es un sitio tranquilo, donde la gente por la calle no te pide selfies, algo impensable en ciudades como Madrid. Marcos y Grison se parecen mucho, es un macarra sanote”, cuenta.
Los hijos de uno y de otro también se frecuentan. “Marcos es muy padrazo, le escuchas contándote sus problemas cotidianos, por ejemplo, uno que ha tenido con el riego y te descojonas. Luego le ves tranquilamente haciendo dominadas en el parque y la gente lo deja en paz. Y te digo una cosa: hace exactamente las mismas bromas en el programa que en las cenas de parejas que hacemos. A veces me pregunto: ¿está en la tele o en mi sofá?”, explica entre risas.