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Juan Carlos Galliano Guillén, o sea, John Galliano, primer cancelado moderno en la historia de la moda reciente tras lanzar insultos antisemitas a todo el que se sentaba a su lado en la terraza del restaurante La perle, llegó a París con la ironía del destino atada a su melena rubia: el último gran couturier había crecido en el gibraltareño pasaje sefardí. Las calles, recuerda en el documental Auge y caída de John Galliano, eran tan estrechas que desde su habitación podía espiar la decoración de sus vecinos.
En el barrio parisino de Le Marais, alcanzada la cincuentena, las paredes de su casa lo volvieron a angustiar. Después de que los vídeos de los incidentes se difundieran en internet, una pintada en la fachada del edificio lo extrajo de la realidad, construida sobre ciclos de ansiolíticos, alcohol y sesiones de gimnasio, en la que se había instalado tras la muerte de su colaborador Steven Robinson. "Ahora", se leía en el garabato, "sabes qué siente un judío".
Antes de la celebración del juicio, una amiga del diseñador lo sentó en un vuelo con destino a Arizona. Durante dos meses, apoyado en Naomi Campbell, Galliano permaneció ingresado en un centro de desintoxicación estadounidense. Tras una multa de 6.000 euros y las disculpas públicas correspondientes, otra mano británica intercedió por el diseñador.
A través de Condé Nast, con Jonathan Newhouse al frente, Anna Wintour logró que el rabino Barry Marcus mostrara su indulgencia. Galliano recibió con él un cursillo sobre las implicaciones del Holocausto judío. Visitó durante semanas a un superviviente de un campo de concentración. Dos años más tarde, aún bajo la sombra de la entonces directora de Vogue,Óscar de la Renta acogió al modista en Nueva York. De la peculiar colaboración nunca se supo demasiado. El gibraltareño regresó a Europa después de que unos paparazzilo fotografiaran con un sombrero de copa alta y ala ancha como los de los judíos jasídicos. Sólo se trataba, se disculpó de nuevo, de un capricho estético, de un ejercicio de moda.
Wintour tiene una gran capacidad de persuasión y habrá convencido a Marta para redimir al pobre genio descarrilado
Wintour sabía que el John Galliano al que Dior había despedido tras las escenas en La perle era un hombre enfermo, adicto al trabajo, los tranquilizantes y el vino. Jamás temió, cuenta a la cámara, que la reputación de su amigo contagiara la suya. Marta Ortega, tampoco. La presidenta no ejecutiva de Inditex, al cargo de su dirección estratégica y consejo de administración, ha convertido al último gran genio de la costura en el rostro y la aguja de Zara durante los dos próximos años.
Pedro Mansilla, sociólogo especializado en moda, intuye en la estrategia de la empresa coruñesa de nuevo la silueta de la periodista británica experta en moda, que en los últimos meses ha paseado por el puerto gallego para visitar la exposición de la obra de Annie Leibovitz organizada por la Fundación Marta Ortega Pérez. Después de una década al frente de Maison Martin Margiela, Galliano empezaba a consolidar un silencio de dos años en su currículum. Las vacantes en las casas de moda que en el pasado lideró ya se habían ocupado: Sarah Burton estaba al frente de Givenchy y Jonathan Anderson comenzaba a reimaginar Dior. "Wintour tiene una gran capacidad de persuasión y habrá convencido a Marta para redimir al pobre genio descarrilado", aventura. "El modelo de colaboración era sencillo. Se trata del mismo que H&M inauguró hace 20 años con Stella McCartney. Por él han pasado Karl Lagerfeld, Balmain, Versace o Viktor & Rolf. A Zara le tocaba elegir a uno". Se trataba, apunta el analista de moda Jay Tibbits, del "último gran creador de su generación".
La estrategia, no obstante, no era una recién nacida. Había comenzado a gestarse antes, incluso, del nombramiento de Marta Ortega como cabeza familiar visible de Inditex. En 2019 el rediseño del logo de Zara delató el cambio de marcha. Fabien Baron, director de arte francés, sugirió que el diseño que estampaba las colecciones de la gama alta de la firma, Zara SRPLS, se extendiera a todos los escaparates, bolsas, webs y etiquetas. El fotógrafo Steven Meisel y el estilista Karl Templer llevaron, como Baron, el bagaje acumulado en la revista Interview, fundada por Andy Warhol, hasta Arteixo. Stefano Pilati, antiguo director creativo de Saint Laurent, el instagramer especializado en moda Stylenotcom, Kate Moss o el diseñador Willy Chavarría contribuyeron a robustecer el apartado de colaboraciones de la compañía. El nicho se convertía en masa.
Cambio de ritmo
Federico Antelo, director de la Escuela de Moda del IED Madrid, sospecha que los movimientos "pretenden alejar la marca de la impersonalidad del fast fashion. Esta vez han ido más lejos, ya que Galliano es una figura asociada a la Alta Costura, por su etapa en Dior, y al upcycling y la artesanía, como se vio en su paso por Margiela, ambos mundos muy lejanos aún al universo de Zara. Para mí, revela un cambio de dirección para que una moda más reposada, más responsable y reflexiva sea visible para todos. Y la figura de Galliano tiene el poder de comunicar exactamente eso". En la disección de Tibbits hay un cambio de velocidad. La firma tiene prisa. Debe terminar una carrera: Zara, explica, corre para elevar su marca. Sabe que debe alejarse de los ritmos ultrarrápidos de Temu y Shein.
Para asegurar la distancia, Zara ha empleado el término con el que las grandes casas de moda hacen referencia a las piezas que han moldeado su historia. Ha adelantado que, con una mirada de Alta Costura, Galliano se ocupará de rediseñar su "archivo". Antelo observa en la apropiación "torpeza y un error innecesario. Esconde pretensión, claramente. No hacía falta justificar la colaboración utilizando ese concepto que sólo aplica a casas con unas señas de identidad incontestables. Zara tendrá su archivo, por supuesto, pero no es el tipo de archivo al que se refieren. Podrían haber dicho que Galliano reinterpretaría los artículos mejor vendidos en la historia de Zara, que habría sido algo más honesto y real".
Con el low cost y la coherencia de sus ideas, Zara ha conseguido con la moda la misma revolución que en el siglo pasado llevó adelante el prêt-à-porter frente a la Alta Costura
A Mansilla la palabra se le antoja casi "una payasada, una crítica a los que se oponían a la revolución de Inditex: hoy las casas de moda lo copian todo de todos. Zara tiene derecho a reinterpretar lo que han producido aunque pertenezca al imaginario de Yves Saint Laurent o Karl Lagerfeld". Cuentan los gallegos, señala, con una ventaja con respecto a las propuestas de la pasarela. Inditex sí es capaz de alcanzar los armarios de las mujeres. Transforma, es decir, la idea en moda. Establece corriente y tendencia. "Son los únicos que de verdad han podido democratizarla. En el último siglo, en España tenemos dos grandes filósofos que comparten apellido: Ortega. Con el low cost y la coherencia de sus ideas, Zara ha conseguido con la moda la misma revolución que en el siglo pasado llevó adelante el prêt-à-porter frente a la Alta Costura".
La llegada de Galliano, no obstante, sacude uno de los pilares de la identidad de Zara. En un equipo creativo sin rostro público, el del hombre de bigotillo fino y cejas oscuras que con su melena rubia trotó por París disfrazado de Napoleón Bonaparte, que desfiló vestido como un torero, que refrescaba sin petición previa al público de las discotecas con su orina, que orquestó un desfile inspirado en los vagabundos franceses, que fue devorado por las 32 colecciones anuales que figuraban en su contrato laboral, supone, para el sociólogo, un regreso "al sistema antiguo". En aquel, sin algoritmos ni sistemas de ventas que informaran sobre los productos más vendidos del día, la ropa no llegaba en buques desde el otro lado de los Urales. Creación y confección exigían tiempo. Con las colecciones de Galliano, que se prevén espaciadas, marcadas por las estaciones naturales, la similitud con una moda en apariencia sosegada se encargará de continuar ensanchando la brecha que Inditex proyecta ante sus competidores.
Con nombre y apellido
Con el logo redibujado, en las tiendas se orquestaba una pequeña revolución. En los últimos cinco años, Zara ha eliminado el 33,8% de sus espacios físicos. Inditex replica, así, la estrategia de las grandes firmas de lujo: los locales merman su disponibilidad, pero potencian su espectacularidad. El espacio se abre, se convierte en una materialización del estilo que proponen. Como en la avenida Montaigne de París, donde las boutiques injertan en sus plantas bajas y áticos cafeterías y suites privadas, fusionan el espacio de compras con la hostelería. Por último, asume con Galliano el plan que H&M ejecuta desde hace dos décadas: introduce con contundencia la figura del artista invitado.
Pese a las colaboraciones puntuales que sorprendían a los seguidores de la moda y aliviaban la aparente cojera, en Arteixo sonaba la cuenta atrás. En Tokio o Toronto, los competidores de Zara habían puesto ya en práctica la estrategia. Haider Ackermann, director creativo de Tom Ford, presenta sus bocetos en Snow, la línea premium de Canada Goose; Zac Posen dirige, desde hace un año, las líneas de diseño de la estadounidense Gap; Clare Waight Keller orquesta las colecciones de Uniqlo después de haber conducido las de Chloé y Givenchy; Jonathan Anderson, excabeza de Loewe y hoy al frente de Dior, aún refresca su colección con el gigante japonés cada temporada. En la fiesta del mestizaje creativo sólo faltaba Zara.
"Galliano debe saber que esta experiencia lo hará transitar por lugares no explorados por él hasta el momento", razona el director de la Escuela de Moda del IED Madrid. "Sin duda tendrá que amoldarse a unos presupuestos y a unas limitaciones que implicarán un desafío e impulsarán su proceso de diseño hacia direcciones nuevas para él y, por lo tanto, muy estimulantes". Aunque, en palabras de Bernard Arnault, las ventas aumentaban un 50% con cada semestre que el gibraltareño pasaba al frente de Dior, como Clare Waight Keller, John Galliano ahora contemplará, quizás por primera vez, "que a diferencia de cuando trabajaba para la moda nicho, cuando salgo a la calle ahora me cruzo con mujeres que visten a diario mis diseños".
Si la estrategia le sale mal, con esta repercusión, ya habrá salido bien. Si sale medianamente bien, puede ser la bomba
A finales del pasado año, LVMH anunció que sus resultados no mejorarían a lo largo de 2026. Los recortes habían antecedido a la notificación del conglomerado. Las ventas de Kering, su principal competidor, se despeñaron en el último trimestre un 10%. La cifra recogía la caída más suave del grupo en ejercicios recientes. En las tiendas, los bolsos y sudaderas se han cuajado de logos y, con los precios más bajos del catálogo, se disponen a seducir a los clientes aspiracionales, aquellos que identifican en el dispendio una escalada social. Con el lujo tambaleándose, apunta Jay Tibbits, analista de moda, Zara se acicala para presentarse como la opción de moda sensata. Inditex se transforma de esta manera, discurre el sociólogo Pedro Mansilla, en el gran laboratorio de la moda contemporánea. "Con Galliano harán como cualquier gran diseñador cuando llega a una gran casa: puedes hacer lo que quieras, pero procura que no perdamos mucho dinero. Y podrás hacer incluso más, por supuesto, si ganamos mucho dinero. Aterrizará en Galicia como Karl Lagerfeld en Madrid en los 80 para trabajar en Loewe. Se traerá el agua mineral y la comida envasada al vacío. En los términos del fichaje irá incluido que le monten un estudio en París o que se venga a La Coruña y allí le provean de los tejidos que quiera, las patronistas, cortadoras y cosedoras que él solicite. ¿Qué supone eso para Inditex? ¿El 0,0007% de su facturación anual? Sin modificar su línea de infantería, porque los lanzamientos ordinarios se mantienen, Zara va a crear su propia caballería".
Causas y consecuencias
Satisfará, a su vez, a los mercados del sudoeste asiático, desde Filipinas a Hong Kong, que aspiran a que las tiendas, con "nivelón", añade, se correspondan con el producto. "Esta vez la tortilla, a la que le han dado la vuelta, viene servida en bandeja de plata".
Bernard Garby, consultor de empresas de moda, duda de que el trayecto de la cocina al plato haya sido sencillo. El riesgo reputacional, advierte, podría fluir en la dirección contraria a la prejuzgada. Aunque aspire a modificar "el archivo" con una visión ligada a "la Alta Costura", la asociación con las implicaciones de la moda rápida podría taponar la estabilidad que parece haber alcanzado Galliano tras sus múltiples muertes y resurrecciones sociales. Quizá, arriesga, en Zara encuentra oxígeno 15 años después de las noches en la terraza de La perle. El de Gibraltar "quiere demostrar que no está cancelado".
Si los lanzamientos y los titulares siguen el curso previsto, la compradora de Inditex "que, como fashionista radical busca los puntazos de Zara, encontrará que ya está en su mano lo único que faltaba: el prestigio de marca". Dejará, predice Mansilla, de "poner cara de pedir perdón" cuando le pregunten de dónde es lo que lleva puesto. La etiqueta dejará de ser "aburrida. Zara está haciendo muy bien lo que siempre hizo: llevar la moda a la calle con un cero menos. Le faltaba poder presumir de etiqueta. No lo resolverá de un plumazo, pero se pone a ello. Si la estrategia le sale mal, con esta repercusión, ya habrá salido bien. Si sale medianamente bien, puede ser la bomba".