Netanyahu contra Sánchez
Desde el 7-0 se han sucedido las crisis diplomáticas, asistiendo a un punto clave cuando el líder israelí llegó incluso a amenazar a España con pagar «un precio inmediato»
Carlos Larrínaga
Historiador y politólogo. Catedrático de Universidad
Que las relaciones entre los gobiernos de Benjamín Netanyahu y Pedro Sánchez están muy dañadas desde la masacre de Gaza es una obviedad. Un deterioro que, dada la política exterior del ejecutivo israelí, no tiene pinta de que pueda superarse en el corto plazo. Así, desde la creación del Estado de Israel en 1948 se han vivido numerosos altibajos. De hecho, no fue hasta el 17 de enero de 1986 cuando España e Israel decidieron abrir sus respectivas embajadas en Tel Aviv y Madrid, poco después de la entrada oficial de nuestro país en la CEE. Hasta ese instante, nada. El general Franco, fiel a la consigna de la conspiración judeo-masónica, no quiso saber de la existencia de Israel. Ni siquiera cuando, tras la conflagración de 1967, los israelíes ocuparon Jerusalén Este, donde España tenía y tiene su Consulado General desde los tiempos de Isabel II. No en vano la Corona española disfruta de una vinculación especial con la Custodia de Tierra Santa y con los franciscanos. En este sentido, no debemos olvidar que Felipe VI ostenta actualmente el título de rey de Jerusalén, por herencia de Fernando el Católico. Es decir, durante casi veinte años, ese Consulado dependió de la Embajada en Ammán, porque España no reconocía al Estado de Israel.
Hubo que esperar a los años de Felipe González para la normalización de relaciones diplomáticas, habiendo vivido, no obstante, ciertos vaivenes, a pesar de la colaboración económica, militar y cultural entre ambos países. Vaivenes provocados, en buena medida, por el apoyo de España a la solución de los dos estados. El hecho de que en 1991 se celebrara en Madrid una histórica conferencia de paz hizo de España un actor importante en la resolución del conflicto. Y aunque no se consiguió un convenio, sirvió de antesala para los Acuerdos de Oslo firmados dos años más tarde entre Rabin y Arafat. El embajador Jorge Dezcallar siempre ha mencionado el ingente papel desarrollado por el titular de Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, en dicha reunión. Asimismo, del hispanista Shlomo Ben Ami, segundo embajador de Israel en España y que contaba con una enorme red de contactos diplomáticos, políticos, económicos y, muy especialmente, culturales. Cabe recordar, igualmente, la activa participación de Ben Ami en la Cumbre de Paz de Camp David, auspiciada por Clinton en julio del 2000. Según él mismo relata en 'Profetas sin honor' (2023), fue la última oportunidad de alcanzar un arreglo entre israelíes y palestinos, puesto que el acceso al poder de Ariel Sharon, al frente del Likud, en 2001, ahogó cualquier perspectiva de pacto. Algo en lo que se ha empeñado especialmente Netanyahu. Desde comienzos del siglo XXI se observa una radicalización evidente de las fuerzas políticas israelíes, con la casi desaparición de la izquierda y un auge de los partidos de extrema derecha, sumando ahora sí al Likud. Con bastante razón, se suele achacar este proceso a la afluencia de cientos de miles de emigrantes procedentes de la extinta Unión Soviética.
Teniendo en cuenta este contexto es como debemos entender ese ataque frontal que Netanyahu está llevando a cabo contra Pedro Sánchez. Desde luego, no le gustó que, tras el atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023, el socialista fuera de los últimos líderes mundiales en desplazarse a Israel, mes y medio después, y denunciara no sólo el crimen cometido por los islamistas, sino también la actuación del ejército israelí en Gaza, que ya había iniciado la destrucción de la Franja y el genocidio de su población. Desde entonces, se han sucedido las crisis diplomáticas, asistiendo a un punto clave el pasado 10 de abril, cuando Netanyahu llegó incluso a amenazar a España con pagar «un precio inmediato» por su «guerra diplomática». De momento, con la expulsión de la representación española del Centro de Coordinación Cívico-Militar encargado de supervisar el alto el fuego en Gaza. Considerando que Estados Unidos es el máximo garante y la situación catastrófica que allí se vive, me parece que la expulsión honra al gobierno de Sánchez, que, junto con los de Irlanda y Eslovenia, ha pedido a la Unión Europea que revise su acuerdo de asociación con Israel, por no respetar los derechos humanos. Realidad que Netanyahu niega por ser su ejército «el más moral del mundo». Una patraña de las muchas que trata de vender Israel, cuando todos hemos visto las 75.000 personas aniquiladas en Gaza, la destrucción total de infraestructuras críticas, los cientos de miles de desplazados y los asesinatos de periodistas y personal sanitario. ¡Y ahora contemplamos lo del Líbano! En 1948, Yosef Najmani, oficial de la Haganá (embrión de las Fuerzas de Defensa de Israel), afirmaba que la crueldad de los soldados israelíes contra los árabes provenía de la actitud de las tropas nazis durante la Segunda Guerra Mundial (I. Zertal: 'La nación y la muerte', p. 218), sin que apenas haya cambiado. Por estas causas, Sánchez debe seguir enarbolando la bandera de la paz y de los derechos humanos frente a un individuo con una orden de detención «por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra» (CPI).
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