Hay días en los que dar un paso atrás es un acierto; el cementerio está lleno de valientes. Carlos Alcaraz lo entendió este martes ante un gigantesco Taylor Fritz, su mejor versión de siempre, un tenista superlativo y le tumbó desde la defensa. Cuando su rival sacaba, él se alejaba de la pista hasta casi salir de la misma y así le obligaba a pensar. Empotrado con las vallas del fondo encontró el camino al éxito. Una arriesgada estrategia conservadora acabó en su victoria por 6-7(2), 7-5 y 6-3 en el segundo partido de la fase de grupos de las ATP Finals y en su clasificación virtual para las semifinales del torneo.
El próximo jueves, si vence a Lorenzo Musetti no sólo pasará como primero de grupo -y así presumiblemente evitará a Jannik Sinner-, también se asegurará el número uno hasta que acabe el año. El triunfo de Alcaraz fue una demostración de su versatilidad y de que, aunque los resultados no le han acompañado en Superficies duras bajo techo, también puede ser campeón. ¿Hay que aguantar un bombardeo? se aguanta.
Si este Fritz no le venció este martes, no le vencerá nunca. Si este Fritz no le venció este martes, sólo Sinner es candidato a hacerlo. Si este Fritz no le venció este martes, Alcaraz puede ganar la antigua Copa de Maestros las veces que hagan falta. Siempre agresivo, divertido, jugón, su cambio de táctica a mitad de partido para ponerse a la defensiva debe ser considerado virtud. Otras veces se perdió en el intercambio de golpes, en la tosudez, en sus errores; esta vez no. En las casi tres horas de juego hubo dos partes diferencias: cuando Alcaraz quiso mandar y cuando quiso ganar.
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